"Mi baile" de Vicente Escudero

Vicente Escudero, Mi baile, Ediciones Athenaica, Sevilla, 2017.
 


En principio, los escritos autobiográficos suelen ser engañosos. Cuentan los sucedidos ajustándolos a cómo les gustaría a sus autores que los lectores los interpretasen. Ocultan lo que les avergonzaría que se supiese y recalcan lo que les gustaría que se pensase de ellos. ¿Quién no ha dicho algo, incluso tajantemente, para al minuto siguiente hacer exactamente lo contrario? Eso es, en esencia, lo que ocurre con Vicente Escudero, su libro y su baile. El vallisoletano presumió de ser gitano, cuando no lo era. En el campo del arte, fue por la vida ejerciendo dogmáticamente de ortodoxo, cuando en realidad fue un heterodoxo sin remedio. Desde una posición a lo divino dictó los mandamientos del baile jondo. Antes había hecho y después siguió haciendo todo lo que le venía en gana. Una cosa eran los dictados de la mente y otra, muy otra, los dictados del corazón.
La compilación que ha publicado Athenaica es un texto verdaderamente apasionante. Sin duda, un texto imprescindible para conocer quién era y cómo pensaba uno de los bailaores más importantes de toda la historia del Flamenco. El acierto ha sido no conformarse con reeditar Mi baile, un texto muy difícil de encontrar, sino acompañarlo de otros prácticamente imposibles de localizar: La pintura que baila, Decálogo del baile flamenco, El enigma de Berruguete: la danza y la escultura y Arte flamenco jondo. Todo cuanto Escudero escribió y casi todo, pensamos, cuanto le pasó por la cabeza. Tan solo hemos echado de menos un CD con su famosa seguiriya y esas imágenes que Mura Dehn y Herbert Matter le grabasen en 1955 en Nueva York. Lo decimos, no por poner reparos, sino por si en una próxima edición las pudiesen añadir.
Con todo, la edición actual, con el jugoso prólogo de Pedro G. Romero, es toda una joya bibliográfica. Cómprenla y engólfense en su lectura. Yo no les canso más.

                                                                                                                                José Luis Navarro

 


Número 14. Marzo 2018


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¡¡¡Socorro!!!


Pero, ¿qué es lo que está pasando? Ya sé que nos han dejado muchos grandes del Flamenco. Y los recordamos. ¿Cómo no acordarse de Enrique Morente, Paco de Lucía o Antonio Gades? Pero ¿es que no han surgido nombres después capaces de darle contenido flamenco a una programación dedicada a este arte? Los programadores deben de estar pasando por momentos angustiosos. ¿A quién voy a poner en “Flamenco viene del Sur”? ¿Cómo cierro el ciclo de Flamenco del Maestranza? En el Teatro Central han tenido que recurrir a Raúl Rodríguez y la presentación de su “Raíz eléctrica” y en el Maestranza a Manuel Lombo y su “Lombo por Bambino”.
¿Será que desconocen que hay toda una generación de jóvenes flamencos, bien formados, comprometidos e ilusionados con el Flamenco, cargados de ideas propias, luchando por salir a flote para desarrollar el caudal que llevan dentro?,  ¿Será que quienes programan estos ciclos  no tienen ni zorra idea de qué es y qué no es Flamenco? O, peor aún, ¿será que les importa un rábano el público para el que organizan sus cosas? Afortunadamente, tanto el Flamenco como la Copla tienen suficiente vigencia y un público incondicional para que se les dé a cada uno lo suyo.



Manuel Lombo es un artista con carisma. Tiene un estupendo registro, una voz espléndida, buena planta y  detalles de buen bailaor, domina por completo el escenario y es capaz de llenar hasta la bandera el Maestranza dos días seguidos. Lo acaba de demostrar. No necesita para nada que lo incluyan en un ciclo dedicado al Flamenco. Desde que apareció por el pasillo central del patio de butacas, con resbalón incluido, se quedó con el respetable. Presentó su último disco, “Lombo por Bambino” y le hizo su homenaje a  Miguel Vargas Jiménez (1940-1999). En realidad, casi me atrevo a decir que reencarnó al cantante de Utrera.
Presentó su reciente “Lombo por Bambino” (2017) e interpretó temas míticos del artista de Utrera (entre otros, “Soy lo prohibido”, “Corazón loco”, “No me des guerra”, “Tres veces loco”, “Mi amigo”, “Mi amor es mío” y la “Plegaria a la virgen de la Consolación de Utrera”). Un emocionado y emocionante recorrido por la obra musical de Miguel Vargas.
                                                                                                                                                             Eulalia Pablo

El Teatro de la Fundación Cristina Heeren sigue calentando motores


El pasado 24 de enero María José Pérez presentó en el Teatro de la Fundación Cristina Heeren “Trazos”, su segundo disco, anoche fue Esperanza Fernández la que cerró sobre su escenario las galas de grabaciones en directo de su último trabajo, “De lo jondo y verdadero”, y en breve abrirá sus puertas con regularidad para ofrecerle a Triana ese teatro con hechuras de café cantante que se merece —su acústica es impecable—.


Esperanza hace ya muchos años que llegó a la cúspide del panorama del cante jondo y ahí se mantiene cada día con más firmeza. Su voz es pura música. Una música que suena flamenca hasta cuando dice “Buenos días”. Es a la vez poderosa y sutil. Y domina todos los requisitos básicos del cante, afinación, tonos, sonoridad,  matices y una vocalización perfecta. Solo muy de tarde en tarde se enriquece el cante con una voz así. Y anoche estaba pletórica. Nos regaló un concierto que rayó en lo apoteósico. Porque no solo pudimos disfrutar de esa voz, sino que la adornó con continuos detalles de esa creatividad que rebosan sus interpretaciones —su forma de actualizar y ensamblar cantes es única y sorprendente—.
Tras una introducción de Miguel Ángel Cortés ilustrada por Ana Morales, Esperanza se acordó de su padre y de otro trianero, Naranjito, por petenera. Siguió por soleá, también trianera, rematada por caña con ecos de El Gallina y por cantiñas con ese aroma gaditano que les daba La Perla. Miguel Ángel Cortés hizo otro toque y Esperanza volvió a las tablas para acordarse de Pepe Marchena y de Juanito Valderrama por milonga ensamblada con guajira. Luego, la mariana y los tangos de Granada de remate. Y otro invitado, José Valencia, que hizo soleá por bulerías y martinetes. Esperanza se arrancó con la cabal de Silverio, “Ábrase la tierra”, a palo seco, para seguir con las seguiriyas de Francisco la Perla y Paco la Luz y cerrar recordando a Manuel Machado y su “Yo sentí el crujío”, metiéndonos a todos el corazón en un puño. Volvió a las tablas Ana Morales para ponerle formas a la serrana con el fandango de Yerbabuena de Esperanza —¡Esta mujer es capaz de bailar la lotería de Navidad si se lo piden!— y el concierto se cerró con unas bulerías jerezanas de la Paquera, jaleadas desde el público por Curro Fernández, el padre de la protagonista. Las palmas las pusieron Dani Bonilla, Jorge el Cubano y Miguel Jr.
Después de asistir a este recital, estamos seguros de que “De lo jondo y verdadero” será un éxito más en la trayectoria discográfica de Esperanza Fernández.
                                                                                                                                                José Luis Navarro

Petipa visita Sevilla de la mano de José Carlos Martínez


¿Qué sabríamos hoy de la historia del baile español sin el testimonio que nos dejaron esos ilustres “guiris” que visitaron nuestro país allá por el XIX? Desde luego, gracias a lo que escribieron, entre otros, Richard Ford, Vassili Botkine, Teófilo Gautier y Jean-Charles Davillier, y, por supuesto, a los dibujos de Gustavo Doré, podemos reconstruir hoy con bastante fiabilidad el pasado de nuestras danzas.
En este selecto grupo de viajeros debemos incluir al francés Mario Petipa (1818-1910), que nos visitó de 1844 a 1847, que se apasionó por nuestros bailes populares, que bailó en el Teatro Real de Madrid, que compartió tablas con Marie Guy-Stéphan, famosa bolera asimismo de origen francés, y que nos dejó numerosas coreografías que elevaron parte de nuestro folclore a la categoría del ballet clásico. Tres de ellas —la jota, la seguidilla. y el fandango— ponen el sello español en el Don Quijote que estrenó en 1869 en el Teatro Bolshoy de Moscú y que la Compañía Nacional de Danza, dirigida por José Carlos Martínez ha traído al Maestranza sevillano —esta versión se estrenó el 16 de diciembre de 2015 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid—.
José Carlos Martínez (Cartagena, 1969) parte del trabajo de Petipa y Alexander Gorsky, pero, respetando su coreografía y con la ayuda de Mayte Chico que monta la seguidilla y el fandango, pone nuevas dosis de vitalismo y un soplo de nervio y pasión hispana en la partitura de Ludwig Minkus. En su haber hemos de incluir también el tratamiento que da a Don Quijote, dotándole de una dignidad de la que carece en otras versiones. El paso a dos con Dulcinea que sigue a su lucha con los molinos de viento y los etéreos movimientos en puntas del coro de hadas, ausentes en otras prestigiosas versiones de esta obra, recuperan para el ballet romántico a un personaje injustamente tratado hasta ahora. Y lo mismo puede decirse de Camacho y Sancho Panza, con una bien medida comicidad.


Un disciplinado cuerpo de baile con Cristina Casa/YaeGee Park/Harui Otani (Quiteria), Yanier Gómez/Esteban Berlanga/Ángel García Molinero/Antony Pina (Basilio), Isaac Montllor/Jess Inglis (Don Quijote), Seh Yun Kim/Giada Rossi (Dulcinea), Álvaro Madrigal/Niccolò Balissini (Camacho) y Jesús Florencio (Sancho Panza) como bailarines principales, dan vida al tumultuoso romance de “Las bodas de Camacho”.  Todos llevan a cabo un trabajo impecable, en el que, entre otros muchos momentos estelares, sobresalen los espectaculares saltos y evoluciones de las danzas corales de toreros, gitanos —justo es destacar a Antony Pina en su papel de jefe de grupo— y driadas, sin que falten las clásicas e imprescindibles exhibiciones de virtuosismo técnico de los primeros bailarines —los más de treinta “fouettées” de Cristina Casa nos dejaron sin aliento— que prácticamente ponen fin a la obra. Un obra que supera con creces todas las versiones anteriores —Nureyev, Barishnikov— que hemos tenido la oportunidad de conocer.




La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, dirigida por Manuel Coves, estuvo a la altura del nivel exigible de este acontecimiento artístico y el público no regateó aplausos durante las más de dos horas que duró la función.
El Maestranza volvió a estar por unos días en ese círculo escogido de los mejores coliseos mundiales de la danza.
Finalmente, creo que no está de más incluir unas líneas que den cuenta de quién es y qué méritos ha contraído José Carlos Martínez. Estos son algunos: Prix de Lausanne, Prix de l ‘Arop, Prix Carpeaux, Premio Danza & Danza, Premio Léonide Massine-Positano, Medalla de Oro en el Concurso Internacional de Varna, Premio Nacional de Danza, Medalla de Oro de la Ciudad de Cartagena, Premio Elegance et Talent France/Chine, Premio de las Artes Escénicas (Valencia), Premio Benois de la Danse y Comendador de la Orden de las Artes y las Letras de Francia.

                                                                                                                         José Luis Navarro y Eulalia Pablo

                                                                                                                         Fotos Cortesía de El Maestranza

Juan Manuel Moreno y sus "Dos maneras de sentir"


"Dos maneras de sentir", la ópera prima de de Juan Manuel Moreno (Carcaboso, Cáceres, 1979), es un viaje a los tiempos fundacionales del Flamenco. Unos tiempos en los que era más importante disfrutar del cante y del toque que someterse a la tiranía de una especialización a ultranza. Recordemos, en este sentido, nombres como Juan Breva, La Antequerana o Anilla la de Ronda, por citar algunos, que solían acompañarse con la sonanta. Esas son las dos maneras de “sentir” de Juan Manuel, como guitarrista y como cantaor.



Juan Manuel Moreno, como buen guitarrista, conoce los cantes, pero va más allá: le gusta cantarlos. Conozco a más de un cantaor que le pasa lo mismo con la guitarra. Les gusta la guitarra y la tocan, pero no se atreven a hacerlo en público.  Por eso,  “Dos maneras de sentir” es a la par un disco romántico y valiente. Romántico porque en él priman los sentimientos. Valiente porque tiene el valor de ponerlos por delante de tecnicismos empobrecedores.
“Dos maneras de sentir” mira también al pasado cuando revive toques y canciones de Cáceres y Badajoz que pertenecen al folclore popular extremeño: jota cuadrada,  jota de los toritos, jota de la Zarza, rondeña cacereña y fandango pacense de Villanueva del Fresno. Todos con aroma bulearero. Precisamente por eso, bautiza este tema como “joterías”, es decir, jotas por bulerías. Así es cómo nació el Flamenco: dando un nuevo espíritu individual a canciones que eran de todos.
“Dos maneras de sentir” es además un disco que rebosa flamencura, porque es puro sentimiento. Juan Manuel no solo toca la guitarra y canta —también ha producido el disco—, sino que ha escrito las letras que dice. Y habla de lo que siente. En este sentido, destacan la soleá “Tú naciste y yo nací” que le hace a su mujer Demelza con acompañamiento de palmas y percusión y que cierra su hija con un “Anda, ole, papi”, así como la nana, “Mi niña chiquita se quiere dormir” que le canta su mujer a su hija Paula y que él remata por rondeña.
Como guitarrista da sobradas muestras de su dominio de las seis cuerdas por soleá en el tema que titula “Los Arquetones” con un toque pulcro e imaginativo. Como cantaor hace unos apuntes por tangos; se luce interpretando una zambra dedicada al Beni de Cádiz con letra de Quintero, León y Quiroga y acompañamiento de piano; se acuerda de Jerez por bulerías con un ingenioso juego de palabras en el título, “Carcaboso de la Frontera”; y cierra con unos fandangos que se acompaña él mismo.
Moreno ha sabido rodearse además de una pequeña orquesta de músicos punteros: Juan Antonio Sánchez (piano), Roberto Jaén y Abel Harana (palmas y percusión), Yelsy Heredia (contrabajo), Ostalinda Suárez (flauta travesera), Nerses Ayakimyan (violín) y Jesús Ortega (pies).
“Dos maneras de sentir” se presentó en el Teatro Alkázar de Plasencia el pasado 7 de octubre y augura un brillante porvenir para el cacereño.
                                                                                                                                                     José Luis Navarro

Número 13. Enero 2018


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