Salinas presenta su "ópera prima" en Sevilla


Fue en la peña decana, la Torres Macarena y, para todos, fue algo bastante más que la presentación de un disco de guitarra. Fue todo un espectáculo. Diez temas perfectamente engarzados y desarrollados con una secuenciación ajustada con naturalidad a los estilos interpretados y un ritmo eficaz y preciso que cautivaron a un público que, desde el primer momento, supo apreciar y premiar la belleza y variedad de la propuesta musical. Un concierto en el que, además de la sonanta de Salinas, se lucieron sus acompañantes.


Curro Sendra se entregó al baile en cuerpo y alma y se le vio disfrutar más aún, si cabe, que el respetable —un respetable que dio toda una lección de respeto y saber ver y escuchar—. Sara Correa, acompañante habitual de Salinas y presente en la grabación que se presentaba, lució una hermosa voz sin el insufrible volumen con que tan a menudo se nos suele castigar. Luis Dorado, compañero asimismo de Salinas en estos menesteres,  puso el tono que pedía cada tema y compartió con Sendra un original martinete a la usanza herrera, con yugo y martillos.
El concierto estuvo dividido en dos partes. En la primera, Salinas comenzó solo en el escenario, hizo dos temas que trató con personalidad y delicadeza musical, una granaína, “Sueña el Darro”,  y una taranta, “El Antolín”, dedicada a los mineros de Peñarroya. Luego se incorporaron sus acompañantes y la taranta dio paso a los tangos, “Tuxen-Bang”. Siguió  una composición con ecos celtas que él titula “Witches dance” (Baile de brujas) y cerró esta parte con la soleá que da título al disco, “A mi madre”, un toque íntimo y sentido al que se fueron incorporando Sara Correa y Curro Sendra.
Comenzó la segunda parte con ese singular martinete que iniciaron Sendra y Dorado y al que se fueron uniendo Correa y Salinas. Después, llegó la rondeña, “Jameos de agua”, la composición que confirma  la maestría de un guitarrista, para adentrarse en toques festeros por bulerías, “Vámonos”, una visita a Cádiz por alegrías, “Zahara”, y rematar por fandangos, “Miré tu cara”, dedicados ahora a la mujer que le soporta sus traumas y manías.
En conjunto, un magnífico concierto que hizo honor a la admirable opera prima de un cordobés, Doctor en Flamenco por la Universidad de Sevilla, que vive el flamenco desde todos sus posibles ángulos y acercamientos.

José Luis Navarro

Gamboa ataca de nuevo


¡En er mundo! De cómo Nueva York le mangó a París la idea moderna del Flamenco 2. Athenaica Ediciones Universitarias, Sevilla, 2017.




Lo primero que sorprende en este, como en otros libros de Juan Manuel Gamboa, es su inmensa erudición. Por las páginas de “¡En er mundo!” 2 pasan decenas y decenas de nombres. Todo hispano que pasase una vez por la Gran Manzana por mor del flamenco tiene su sitio en el libro. Todo hispano y todo ciudadano del ancho mundo, no importa su etnia o su nacionalidad. Solo se le pide que se haya interesado por el Flamenco. A la mirada de Gamboa no se le escapa ni el gato. ¿De dónde habrá podido sacar tiempo para haber leído tanto? A su lado el todopoderoso google parece cosa de niños. Comienza hablando de alguien e inmediatamente miles de datos se engarzan, unos tras otros, en una sucesión cuasi interminable. Y todo contado minuciosamente, con increíble detalle.
Página tras página, Gamboa va reescribiendo la historia conocida, poniendo a cada quien en el sitio acorde con sus merecimientos. Recupera la memoria de artistas casi desconocidos u olvidados en este, su país, pero que jugaron un papel de primer orden en la aventura del Flamenco en las Américas. Posiblemente, en este sentido, los nombres de Vicente Gómez o Carlos Montoya sean emblemáticos.
“¡En er mundo!” está, como parecería obligado, todo flamenco de vocación, pero a su lado se asoman cuantos desde otros géneros o disciplinas en algún momento también se acercaron y sintieron la llamada del duende. Martha Graham o Pauline Koner son, en este caso, personajes representativos y Xavier Cugat el hispano de turno.
De los flamencos, están, entre muchos otros, el empresario Sol Hurok, el Marqués de Cuevas, Federico García Lorca, La Argentinita, su hermana Pilar, Carmen Amaya y el taranto,  Antonio y Rosario, Teresa y Luisillo, Andrés Segovia, José Greco, José Toledano, Juan Martínez, Ana María, Rosa Montoya, Ciro, Teresa Boronat, Soledad Miralles y, como a Gamboa le pirra especialmente la guitarra, hay también una completa representación de los que tocaban las seis cuerdas.
Entre biografía y biografía, Gamboa se sumerge en los acontecimientos sociales e históricos que más influyeron en la sociedad americana y en particular en la neoyorquina —en realidad este “¡En er mundo!” es una oda a esa Nueva York de la que no nos cabe la menor duda de que Gamboa, si no se ha enamorado ya, terminará haciéndolo—: el crack del 29, nuestra guerra y las Brigadas Internacionales, la II Mundial, la influencia judía en el show business, el asentamiento de la música latina, los avatares de la industria discográfica, en especial de la hispana, sin que falte mención a restaurantes y garitos de ese origen y hasta de la jambre que pasaban muchos hispanos por no saber ni papa de inglés.
El libro se completa con una cronología, evidentemente con lujo de detalles, de cuanto de fundamental ocurrió en la América de los rascacielos de 1929 a 1947.
Con todos estos ingredientes, “¡En er mundo!” resulta un relato tan ameno como apasionante. Recomendamos encarecidamente su lectura.
José Luis Navarro







Rafael Romero, bailaor


Desde luego, como bailaor, Rafael Romero El Gallina no fue un fuera de serie. Yo ni siquiera me atrevería a llamarle “del montón”. Aparte de dar los pasos a compás, no gozaba de la más remota señal de gracia.




En 1948, intervino en el rodaje de “La Cigarra”, dirigida por Florián Rey y protagonizada por Imperio Argentina —se estrenó en Madrid el 22 de noviembre de 1948—. El Gallina era el eje central de un trío que bailaba alrededor de Imperio mientras ella interpretaba “Castillitos en el aire”. Formaba también parte del trío otro cantaor, caracterizado con su correspondiente caracolillo en le patilla. Nada menos que el jerezano Juanito Mojama. El tercer bailaor era el guitarrista madrileño, Andrés Heredia. Tanto Mojama como Heredia superaban con creces a Romero en el arte de Terpsícore. Y es que un flamenco es un flamenco y, cuando la bolsa aprieta, se hace lo que sea menester.
Aquí los tenéis juntos:


De izq. a der.: Andrés Heredia, Rafael Romero y Juan Mojama.

Y aquí por separado:

Juanito Mojama

Andrés Heredia


Rafael Romero


Y he aquí el baile:



Manuel Romero. "Sentir lo jondo". 2018.








Manuel Romero Jiménez  (Pedrera, 1980) acaba de publicar su cuarto trabajo discográfico, “Sentir lo jondo”, un disco que confirma el grado de madurez artística alcanzado y el momento que como profesional vive hoy.


Manuel Romero ha recorrido,  paso a paso, el camino del arte y de la vida, al tiempo que se formaba como cantaor y como persona. Porque Romero es un hombre honesto y comprometido con el cante y con la lucha obrera. Aprendió a cantar de niño escuchando a su abuelo, al tiempo que asistía a las manifestaciones y ocupaciones de tierras que organizaban los jornaleros de su pueblo.


Se ha hecho cantaor escuchando a artistas a los que admira y sigue, José Menese, Miguel Vargas, Diego Clavel, y escuchando letras de Francisco Moreno Galván. Ha estudiado los cantes en las aulas de la Fundación Cristina Heeren —hoy ejerce en ellas como profesor—, ha cantado alante y atrás en infinidad de peñas, festivales y teatros y ha ganado premios: Concurso “Juan Casillas” de Cuevas de San Marcos (Málaga), Concurso Peña “La Solea” de Nerja (Málaga), Concurso de Soleares “Naranjito de Triana” de Dos Hermanas (Sevilla), Casa del Arte Antonio Mairena de Mairena del Alcor y Concurso “Membrillo de Oro” de Puente Genil (Córdoba).


Y todo eso, con su voz y su forma de sentir,  están hoy en su cante y en su discografía. Una voz recia, sobria, cargada de ecos antiguos. Una voz que supera con solvencia el reto de poner música flamenca a letras jamás cantadas. Una voz, unas inquietudes, unos conocimientos, unas convicciones y unas reivindicaciones que han dado vida a 4 discos.


Primero fue “Manuel Romero” (2012), un disco clásico en el que hace un recorrido por el polo, la malagueña, la soleá de Alcalá, los tientos, la guajira, la soleá apolá, las  cantiñas, la seguiriya, las bulerías, y la toná.


Luego vino “Flamenco por la libertad” (2014), grabado en directo junto a Juan Pinilla en el Festival Flamenco por la Libertad de Conil de la Frontera (Cádiz).


El año pasado sorprendió a muchos con “1917”,  un disco insólito que rinde homenaje al centenario de la Revolución Rusa, en el que Romero dedica una soleá a La Pasionaria y canta versos de Rafael Alberti, Percy B. Shelley, Vladimir I. Lenin, Bertolt Brecht-Javier Egeo, Vladimir Mayakovski, Ho Chi Minh, Quintín Cabrera, Paco Moyano y Francisco Moreno Galván.


Por fin, llega “Sentir lo jondo” (2018), grabado al ganar el Membrillo de Oro 2017 de Puente Genil. Si en “1917” le cantó a la Revolución Rusa, ahora le dedica un mirabrás al militar liberal Rafael de Riego con mención de dos mujeres luchadoras, Agustina de Aragón y Lola la Piconera. Hace de la soleá de Cádiz un canto a la libertad en el que se rebela contra el poder del dinero y del capitalismo como sistema económico. En la bulería por soleá hace una apasionada queja laboral —“Cinco pasitos llevo andados y ya me parecen diez”—. Se acuerda por malagueñas –“mi corazón rinde honores”—de Miguel Vargas  y con ecos de El Piyayo evoca la Málaga “cantaora y también bella”.  No faltan las letras que cuentan quejas de amor por bulerías, fandangos y milongas. Por seguiriyas se duele con un grito que expresa quebrantos de amor y de muerte. Y cierra con una toná que es el grito de la rebeldía que siente su corazón.


Para esta empresa ha contado con las guitarras de Manolo Franco, Pedro Barragán, Ulrich Gottwald El Rizos y Eduardo Rebollar; las palmas de Roberto Jaén y Tamara Lucio y los jaleos de Nano de Jerez, Rebollar, Jaén, Lucio y Jeranys Pérez


Las letras son de José Luis Rodríguez Ojeda, José Belloso y José Luis Blanco (soleá de Cádiz), Manuel Balmaseda, J. L. Blanco y J.L. R. Ojeda (bulería por soleá),  J. Belloso (fandangos) y José Luis Rodríguez Ojeda (resto).


“Sentir lo jondo” es, pues, una obra importante que sin duda disfrutarán los que gustan del cante tradicional, así como los que buscan novedades en la discografía actual.


José Luis Navarro


Número 15. Mayo 2018


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Otro sueño cumplido


De pequeño Jeromo soñaba con ser cantaor. Pero no solo eso. Como todo artista que da sus primeros pasos como profesional, soñaba con ganar concursos y grabar discos. Poco a poco todos esos sueños se fueron haciendo realidad. En 2013 lograba l Lámpara Minera del concurso de La Unión, en 2011 grababa “Oro viejo”, en 2014 “La voz de la mina” y en 2016 “Los romances del Alosno”. Pero le faltaba uno. Desde bien chiquitillo, como onubense enamorado de la música de su paisano Juan Carlos Romero, tenía la ilusión de que él le compusiese y dirigiese un disco. Y ese sueño se ha cumplido también. El disco se llama “Lo que yo quería”, lleva ya unos días en la calle, el sábado se presentó en el Gran Teatro de Huelva y anoche lo hizo en la Fundación Cajasol.
Fotografía: Jaime Martínez. Cajasol.
“Lo que yo quería” consta de 9 temas que Jeromo siente con el corazón e interpreta con esmero. Hay tangos, bulerías, alegrías y una seguiriya de El Muela (Niño de Barbate). Hay un recuerdo a La Unión y Huelva está presente con una toná del Alosno, otra del Cerro y una seguidilla y un cante de Navidad alosneros —Jeromo es también un estudioso de los cante de su tierra—.
Para mí el tema más personal y más sentido del disco y del concierto fue “Siempre estuve allí”, que cantó al alimón con Rocío Márquez, invitada de lujo en el disco e invitada de lujo en el concierto. No solo interpretó ese tema, sino que suplió a Marina Heredia en las bulerías y nos regaló un mano a mano por fandangos de Huelva con Jeromo.
Fotografía: Remedios Malvárez. Cajasol.
 Por su parte, Segura hizo, fuera del disco, una guajira acordándose de Pepe Marchena y Juanito Valderrama y unas bulerías de Cádiz como cierre, para las que contó con la otra invitada de excepción, la jerezana Leonor Leal, que también bordó los ecos de Carlos Gardel con esa garra y esos pellizcos marca de la ciudad de los vinos.
Fotografía: Jaime Martínez. Cajasol
Atrás estuvieron las guitarras de Salvador Gutiérrez y Manuel de las Luz, la percusión de Raúl Botella, la flauta y teclas de Fran Roca y las palmas y la voz x 2 de Los Mellis.
Un nuevo acierto de la programación de Cajasol que contribuye así a abrirle camino a los jóvenes que luchan por hacerse con un sitio en el panorama flamenco actual.

José Luis Navarro

Baile de ayer, baile de hoy, baile de siempre


Yo comprendo perfectamente que a los bailaores les guste contar historias con el baile. En lo que tengo mis dudas es hasta qué punto son necesarias. Porque una cosa es llevar al escenario toda una historia, como hizo Antonio Gades con “Bodas de sangre”, y otra muy distinta envolver los bailes con una serie de episodios unas veces transparentes y otras bastante crípticos. Menos mal que en el caso de “El encuentro” el hilo conductor de todo era el sentido del humor, lo que siempre es de agradecer. Porque ese “ahora voy a cantar, pero no canto”, “ahora yo te quito el micro pero tampoco canto”, ese “quitarse y ponerse la levita”, esa tela blanca que unas veces es velo de novia, otras barandilla de balcón y otras punto de encuentro y desencuentro, o esas naranjas que van y vienen de un lado al otro del escenario, por un lado poco o nada aportan al baile y, por otro, tal vez necesitarían un pequeño glosario en el programa de mano, bastante críptico también.


Pero dejando aparte este anecdotario, lo cierto es que David Coria y todos los suyos nos cautivaron con su baile, que a eso habíamos ido al teatro: a ver bailar. Ana Morales fue la pareja ideal para transmitir, ahora sí, mediante el baile, todo el amor y desamor de cada encuentro. La caña que coprotagonizó con Coria fue sencillamente admirable y sus tangos fueron otro de los momentos cumbre del espectáculo. Y hubo muchos: la milonga de Rafael Farina, los tanguillos, el romance…


Paula Comitre, Florencia O’Ryan y Rafael Ramírez, perfectamente conjuntados, hicieron un baile vibrante, incluso por momentos trepidante.
Y, por supuesto, David Coria estuvo espectacular, dando toda una lección, dominando cada suerte, expresándose con todo el cuerpo, aunque haciendo verdaderos alardes —pura composición musical— con una técnica de pies impecable. Su farruca fue excepcional y el martinete asombroso, aunque, tal vez, no debería repetir dos veces el mismo cierre a base de giro y rodillazo.


El atrás, magnífico, con el cante de Antonio Campos y Miguel Ángel Soto El Londro, las guitarras de Jesús Torres y José Luis Medina y la percusión de Rafael Heredia.

                                                                                                                                             José Luis Navarro